Es ardiente sol, mediodía, diablo danzante que por el mal implora; diablos danzantes, diablo danzante. Contemplo como te deshojas masturbada en los altares del infierno y por los demonios que te habitan. He traído fiebre acumulada, polen libidinoso, océano cansado al pulso de tu carne, demonios escondidos. Te haré sentir la mordida de mi beso, la boca devorando tu océano, mi insaciable lujuria, el vacío de cada gota. Te lloveré la ducha crema, un castigo, el perdón. Veneraré tu carne, tus pupilas dilatadas. Serpentearé, hasta enloquecer tu madriguera, hasta arrancar la humedad de tu piel, como otros han querido, sin entrar en tu morada. El veneno de serpiente que afiebra y me ofreces, venera tu carne esculpida. Cera caliente esparcida por mi piel, albergue de mi lengua de sal. Se extiende y se dilata, nido de silencio, lujuria excomulgada, desnuda, débil, ansiosa. Pulso de tu carne, cristal ajeno en tu piel. Gimes violada entre besos. Los insultos eróticos de ...